Durante muchos años, la idea de operarse las várices causaba terror porque significaba someterse a cirugías agresivas, cortes dolorosos, anestesia general y semanas de reposo absoluto. Afortunadamente, la medicina ha avanzado a pasos agigantados. Hoy en día, la cirugía láser ha revolucionado por completo el tratamiento de la enfermedad venosa, ofreciendo una solución de alta tecnología, mínimamente invasiva y sumamente amable con el paciente.
El procedimiento es fascinante y muy seguro: en lugar de arrancar la vena enferma, introducimos una fibra láser delgada como un cabello a través de una pequeña punción en la piel. Esta fibra emite un calor controlado que sella y cierra la vena dañada desde adentro. Una vez que esta vena se cierra, el cuerpo es tan sabio que redirige automáticamente el flujo de sangre hacia venas sanas, mejorando la circulación de la pierna al instante y eliminando la presión acumulada.
La mayor ventaja de esta tecnología es la comodidad. Se realiza con anestesia local, no deja cicatrices visibles y el paciente sale caminando de la clínica el mismo día. La recuperación es tan rápida que puedes retomar tus actividades cotidianas casi de inmediato, sin interrumpir tu vida y, lo más importante, despidiéndote por fin del dolor y la pesadez en tus piernas.


